El radón es un gas que no tiene color, olor ni sabor y que, además, es soluble en agua. Este gas noble también es inerte (no reacciona con otros elementos químicos) y se libera de forma natural por la desintegración radiactiva del uranio presente en suelos y rocas. Algunas rocas, como el granito (muy presente en los suelos del noroeste peninsular), tienen más cantidad de uranio que otras y, por lo tanto, liberan más radón. Pero el elemento más conflictivo en la descripción de este gas no es su falta de color o su origen, es su radiactividad.
Una vez pasa al aire, el radón se desintegra perdiendo energía en forma de partículas radiactivas. Al respirar estas partículas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), existe el riesgo de que los elementos radiactivos se depositen en las células de las vías respiratorias, dañen el ADN y acaben provocando cáncer de pulmón a largo plazo. La buena noticia es que el radón se diluye rápidamente al aire libre y con una serie de buenas prácticas puede eliminarse su riesgo para la salud.
Créditos: Endesa blog
NOTICIA EN EL TELENOTICIES DE 3CAT DEL PASADO 17/04/24

Desde la página del Ministerio de Sanidad hemos extraído esta información y documentación que nos alerta de que, existe abundante evidencia científica que demuestra la asociación entre exposición a radón en ambientes interiores y cáncer de pulmón, lo que ha hecho que el radón sea considerado como un problema para la salud pública.
Siguiendo la Directiva 2013/59/Euratom del Consejo, de 5 de diciembre de 2013, por la que se establecen normas de seguridad básicas para la protección contra los peligros derivados de la exposición a radiaciones ionizantes, se ha desarrollado una acción frente al radón para así reducir los efectos en salud que se derivan de la exposición a este gas en ambientes interiores. En su desarrollo e implementación, se pretende conocer la magnitud del problema, reducir la exposición y potenciar la investigación en ambientes interiores, mediante la estimación de la concentración de radón en dichos ambientes, la elaboración de mapas, el desarrollo de una evaluación de riesgo que permita establecer niveles de referencia, y en consecuencia el establecimiento de medidas correctoras y preventivas, así como medidas de comprobación y validación, y la elaboración de una guía para el público.
>Plan nacional contra el radón >OMS radon
Créditos: Ministerio de Sanidad
Mapa del Potencial de Radón de España CSN, 2017

Todos los edificios contienen radón en concentraciones habitualmente bajas. No obstante, existen zonas geográficas en las que, debido a su geología, es más probable encontrar edificios con niveles elevados.
La cartografía del potencial de radón en España, desarrollada por el Consejo de Seguridad Nuclear, categoriza las zonas del territorio estatal en función de sus niveles de radón y, en particular, identifica aquellas en las que un porcentaje significativo de los edificios residenciales presenta concentraciones superiores a 300 Bq/m3.
Créditos: Consejo de seguridad nuclear
¿Cómo detectar el radón?
Al aire libre, el radón no causa mayores problemas, pero todo cambia si este gas empieza a acumularse dentro de nuestra vivienda. Al aumentar la concentración, aumentan los riesgos potenciales para la salud. Sin embargo, por sus características, no puede detectarse a simple vista, ni mediante ningún otro sentido humano.
Así, la única manera de saber si estamos respirando más gas radón del que debemos es adquirir un test o un dispositivo detector o contratar los servicios de medición de algún experto. En España existen una serie de entidades acreditadas para estas mediciones por el Consejo de Seguridad Nuclear.
¿Cómo reducir la presencia de gas radón en nuestra vivienda?
De acuerdo con la OMS, las concentraciones de radón en los edificios dependen de las características geológicas del lugar en el que esté, las vías que el radón pueda encontrar para infiltrarse en las viviendas, su emanación procedente de los propios materiales de construcción y la tasa de renovación de aire de la vivienda.
Teniendo esto en cuenta, el organismo ha publicado una serie de consejos para reducir la presencia de gas radón en nuestra vivienda.

Consejos para reducir el radón en las viviendas
El radón pasa de los suelos al interior de los edificios por las grietas, los puntos de unión entre paredes, los espacios alrededor de tuberías o cables, los pequeños poros de los materiales y otras oquedades. Cuanto más cerca del suelo esté la vivienda, mayor será la concentración de radón. Así, suele haber más gas en sótanos, bodegas y viviendas de planta baja.
Ventilar: el primer paso (y el más sencillo)
La concentración de radón aumenta por la noche y disminuye durante el día. Para niveles de concentración bajos, de unos pocos cientos de Bq/m3, ventilar de forma natural por la mañana y durante 15 minutos es una medida efectiva.
Pero para concentraciones más altas, la OMS aconseja medidas de tipo constructivo. En España, estas están detalladas en el Código Técnico de Edificación.
- Aumentar la ventilación del forjado. Se debe asegurar un flujo de aire continuo bajo la estructura del edificio.
- Instalar un sistema de evacuación mecánica del radón en el sótano o en la cimentación.
- Evitar que se filtre desde la planta baja hasta las habitaciones mediante barreras de protección.
- Llevar a cabo un sellado exhaustivo de pisos y paredes.
- Mejorar la ventilación general del edificio y las zonas comunes.
Créditos: Endesa.com/blog

Créditos imagen: Organismo Internacional de Energía Atómica

